“Presidente García arma jarana en Plaza Mayor por hallazgo de gas natural”, dice la página web de “Crónica Viva”.
“Este es un homenaje al Perú por el gas encontrado en el lote 58”, dice Gonzalo Iwasaki animando la gran fiesta que se transmite por Canal 7.
“Tengo una noticia extraordinaria que darles: hemos encontrado un inmenso yacimiento de gas en la estructura Urubamba del lote 58. Son cinco pozos o estructuras y parece que sólo en el primero hay bastante más que un trillón de pies cúbicos de gas. Yo voy a estar mañana sábado allí y podré confirmar este hallazgo”, dijo el viernes el presidente de la República Alan García.
“El viaje del presidente García al lote 58 se frustró por el mal clima. El mandatario tuvo que retornar a Lima antes de lo previsto”, informó el sábado la secretaría de prensa de Palacio de Gobierno.
“Con este hallazgo gasífero del lote 58, de confirmarse, podemos decir que el Perú tendrá seguridad energética hasta por lo menos el año 2050”, señaló el viernes Alan García.
“El presidente García dijo que el hallazgo de petróleo ligero logrado por la empresa Talismán en la selva norte sería tan importante como el del gas encontrado en el lote 58”, informó ayer el portal digital del diario “El Comercio”.
“Cancelan viaje del presidente García al lote 58 por problemas climatológicos”, tituló el sábado la versión electrónica del diario “La República”.
“Estamos celebrando lo del lote 58, este hallazgo del gas que va a cambiar al país”, grita Marisela Puicón junto a Gonzalo Iwasaki en la tarima de la megafiesta de la Plaza Mayor. Anuncian que los hermanos Yaipén estarán de todas maneras en el escenario montado delante de Palacio de Gobierno.
“Petrobrás no puede confirmar hallazgo de gas en Perú”, titula un despacho de la agencia estadounidense Associated Press. El texto bajo el encabezado es el siguiente:
“Lima, 6 de noviembre.-La petrolera estatal brasileña Petrobrás dijo el viernes que no puede confirmar las informaciones de que descubrió un yacimiento con un billón de pies cúbicos de gas natural en Perú.
Petrobrás dijo en una declaración que concluyó las perforaciones de un pozo de 4,000 metros (13,100 pies) de profundidad en la selva peruana.
La empresa analizará ahora sus descubrimientos y no anunciará ni la cuantía ni la viabilidad comercial del yacimiento hasta pasadas unas semanas.
El presidente peruano Alan García dijo el jueves que Petróleo Brasileiro SA halló un enorme yacimiento en la provincia central de Cuzco.
García señaló que los técnicos peruanos calculan que el yacimiento encierra hasta cinco billones (trillones en el sistema decimal empleado en el Perú, nota de este columnista) de pies cúbicos de gas.
Respecto de la reticencia de Petrobrás a confirmar el hecho dijo que entendía y compartía “la prudencia” de la empresa brasileña”. (Fin del despacho de la Associated Press).
“La empresa Talismán señaló que sólo en diciembre podrá hacer un estimado del tamaño del yacimiento de petróleo encontrado en la selva norte”, informó el sábado Canal N.
“El Perú sigue creciendo. Sigan divirtiéndose”, dicen los hermanos Yaipén.
“Todo esto es un regalo de nuestro creador porque Dios apoya a los pueblos que tienen fe, a los pueblos que saben cantar. Ayer llevé la palabra de todos ustedes a Guadalajara...”, dice Alan García junto a los hermanos Yaipén.
“Y para todos los que se oponen al Perú, aquí va esta canción que tanto gusta: Ojalá que te mueras”, dice uno de los Yaipén. El doctor García saluda al público.
domingo 8 de noviembre de 2009
sábado 7 de noviembre de 2009
La derrota de Lima
La presencia del presidente de la República en Guadalajara quizá no fue lo más contraproducente para la candidatura de Lima pero sí jugó un cierto papel.
García, que se reserva el populismo para el exterior y que aquí parece hermano menor de Milton Friedman, habló de países pobres y ricos y de igualdad de oportunidades para todos y añadió que la jornada no tenía que ver con una competencia de dineros y de infraestructura sino que era un capítulo del espíritu deportivo y de las ganas de hacer las cosas bien y de fraternizar.
El problema es que la jornada sí era una competencia de dineros y de infraestructura. Y en cuanto a eso del derecho de todas las ciudades a presentarse como aspirantes a sedes de torneos importantes, lo primero que a uno se le ocurre, ante tanta demagogia, es pensar en Puerto Príncipe, sumergida en su enésima anarquía, o en La Paz, donde la muerte se ensañaría con los corredores de fondo, o en Ciudad Juárez, donde las plusmarcas vienen de los sicarios que huyen de la policía.
No, pues. No se va a Guadalajara a decir que el Perú es la mamá de Tarzán, como quiso decir García. Ni a ofrecer como sede central –y escenario de la inauguración y la clausura- un estadio nacional construido en los años cincuenta del siglo pasado y mejorado con 13 millones de dólares en obras.
Nada tenía que ver la batalla de Ayacucho con la decisión de la Odepa (Organización Deportiva Panamericana). Esa mención presidencial quizá hizo recordar a la delegación colombiana lo remolona, monárquica y realista que era aquella Lima manejada por el señoritismo y lo extraño que era aquel Perú que tuvo que ser liberado por tropas extranjeras.
El asunto era entender el desafío y portarse a la altura de las circunstancias.
Y la delegación peruana lo primero que hizo al llegar fue meter la pata ofreciendo, en un tríptico, la transmisión satelital gratis para los países del Caribe que no pudieran pagarla, algo que la Odepa le había prohibido expresamente hacía pocas semanas.
Y se lo prohibió porque esa ganga violaba el reglamento de la convocatoria y los derechos de transmisión que se reserva Odepa.
Ante la llamada de atención del organismo que debía decidir, la delegación peruana, con el inefable Iván Dibós como estratega, pidió disculpas y dijo que el reparto de ese folleto “había sido una distracción atribuible al descuido de un funcionario”.
Nadie creyó eso, desde luego. La “viveza criolla” nos había vuelto a costar.
No es cierto, además, que las sedes de eventos famosos estén reservadas a una aristocracia internacional. Eso fue lo que insinuó García y esa fue –estoy seguro- una de sus frases más rechazadas.
Es cierto que Chicago y Winnipeg han acogido los Juegos Panamericanos. Pero también es cierto que Cali (1971), Caracas (1983), La Habana (1991), y Santo Domingo (2003) fueron sedes del mismo certamen.
Lo peor de todo es que un fracaso que debería limitarse al ámbito deportivo parece ahora una derrota política y diplomática.
Y eso porque, tal como lo reseñaba un despacho de la agencia Efe, “el Ejecutivo consideraba que los Panamericanos serían el espaldarazo que necesita Perú para confirmar su sólido crecimiento en América Latina”.
Es que cuando se mezclan papas con camotes lo que sale es una yuca.
Y quien coronó con una frase histórica la triste aventura de ayer fue el alcalde de Lima.
La agencia oficial “Andina” lo resumió así:
“Castañeda destacó el que, al final, Lima haya quedado segunda, después de Toronto...”
Todo un aporte a la cultura vernacular.
Quedamos segundos y éramos tres.
A Castañeda habría que decirle que hay maneras menos brutas de consolarse.
García, que se reserva el populismo para el exterior y que aquí parece hermano menor de Milton Friedman, habló de países pobres y ricos y de igualdad de oportunidades para todos y añadió que la jornada no tenía que ver con una competencia de dineros y de infraestructura sino que era un capítulo del espíritu deportivo y de las ganas de hacer las cosas bien y de fraternizar.
El problema es que la jornada sí era una competencia de dineros y de infraestructura. Y en cuanto a eso del derecho de todas las ciudades a presentarse como aspirantes a sedes de torneos importantes, lo primero que a uno se le ocurre, ante tanta demagogia, es pensar en Puerto Príncipe, sumergida en su enésima anarquía, o en La Paz, donde la muerte se ensañaría con los corredores de fondo, o en Ciudad Juárez, donde las plusmarcas vienen de los sicarios que huyen de la policía.
No, pues. No se va a Guadalajara a decir que el Perú es la mamá de Tarzán, como quiso decir García. Ni a ofrecer como sede central –y escenario de la inauguración y la clausura- un estadio nacional construido en los años cincuenta del siglo pasado y mejorado con 13 millones de dólares en obras.
Nada tenía que ver la batalla de Ayacucho con la decisión de la Odepa (Organización Deportiva Panamericana). Esa mención presidencial quizá hizo recordar a la delegación colombiana lo remolona, monárquica y realista que era aquella Lima manejada por el señoritismo y lo extraño que era aquel Perú que tuvo que ser liberado por tropas extranjeras.
El asunto era entender el desafío y portarse a la altura de las circunstancias.
Y la delegación peruana lo primero que hizo al llegar fue meter la pata ofreciendo, en un tríptico, la transmisión satelital gratis para los países del Caribe que no pudieran pagarla, algo que la Odepa le había prohibido expresamente hacía pocas semanas.
Y se lo prohibió porque esa ganga violaba el reglamento de la convocatoria y los derechos de transmisión que se reserva Odepa.
Ante la llamada de atención del organismo que debía decidir, la delegación peruana, con el inefable Iván Dibós como estratega, pidió disculpas y dijo que el reparto de ese folleto “había sido una distracción atribuible al descuido de un funcionario”.
Nadie creyó eso, desde luego. La “viveza criolla” nos había vuelto a costar.
No es cierto, además, que las sedes de eventos famosos estén reservadas a una aristocracia internacional. Eso fue lo que insinuó García y esa fue –estoy seguro- una de sus frases más rechazadas.
Es cierto que Chicago y Winnipeg han acogido los Juegos Panamericanos. Pero también es cierto que Cali (1971), Caracas (1983), La Habana (1991), y Santo Domingo (2003) fueron sedes del mismo certamen.
Lo peor de todo es que un fracaso que debería limitarse al ámbito deportivo parece ahora una derrota política y diplomática.
Y eso porque, tal como lo reseñaba un despacho de la agencia Efe, “el Ejecutivo consideraba que los Panamericanos serían el espaldarazo que necesita Perú para confirmar su sólido crecimiento en América Latina”.
Es que cuando se mezclan papas con camotes lo que sale es una yuca.
Y quien coronó con una frase histórica la triste aventura de ayer fue el alcalde de Lima.
La agencia oficial “Andina” lo resumió así:
“Castañeda destacó el que, al final, Lima haya quedado segunda, después de Toronto...”
Todo un aporte a la cultura vernacular.
Quedamos segundos y éramos tres.
A Castañeda habría que decirle que hay maneras menos brutas de consolarse.
jueves 5 de noviembre de 2009
Conflicto de intereses
Hace unas horas, el congresista Ricardo Belmont logró que la Comisión de Transportes y Comunicaciones del Congreso creara un grupo de trabajo que estudiará los métodos que emplea la empresa Ibope para medir la sintonía de los programas de televisión.
La empresa Ibope es privada y, aunque sus métodos sean discutibles, no es fácil entender por qué la Comisión de Transportes y Comunicaciones tendrá que examinarla como si de una entidad pública se tratara.
El señor Belmont tiene en este asunto un visible conflicto de intereses. Es un congresista súbito a raíz de la muerte de Alberto Andrade y es, al mismo tiempo, el archifamoso propietario del Canal 11, desde el que habla, para regocijo de sus miles de televidentes, casi todas las noches.
Como congresista imprevisto tiene el derecho de presentar las iniciativas que se le ocurran. Pero como congresista y propietario de un canal no puede presentar propuestas que conciernan a la televisión. Y menos todavía propuestas que estén destinadas a hostilizar o presionar a una empresa que tiene tanto que ver con el negocio de la televisión.
Es como si Juvenal Silva, presidente de la mencionada comisión congresal y dirigente del club Cienciano, presentara en el pleno una iniciativa que favoreciera a los equipos de fútbol provincianos en desmedro de los limeños.
O como si Carlos Raffo, vice presidente de la misma comisión, propusiera que los publicistas de campañas electorales están exonerados de rendir cuentas ante la justicia en el caso de que hubiesen recibido dineros negros de manos sucias.
Sería mostrar el fustán de un modo por lo menos impropio y el plumero de una manera por lo menos ridícula.
El señor Belmont fue convencido por el señor Anchorena para que reingresara al ámbito de Ibope.
Cuando las cifras que mostró Ibope no le gustaron, el señor Belmont despidió al señor Anchorena aduciendo, precisamente, que la nueva programación no era lo que él había esperado.
Yo nunca he creído en Ibope, a pesar de que en muchos momentos de mi carrera sus mediciones me ponían por las nubes.
Pero una cosa es no creer en Ibope y otra es tratar de intimidar a Ibope aprovechando el cargo congresal y sacándole el jugo a la amistad con Alan García -que le dio hace poco las gracias por los servicios prestados- y con Luis Alva Castro, de cuya proximidad se ha jactado en el canal y en el hemiciclo.
Ricardo Belmont cree que su cargo de congresista puede ser usado para prácticos fines personales.
Lo increíble es que la Comisión de Transportes le siga el juego. Y que gente como Lescano lo acompañe en algunas de sus aventuras.
El 29 de octubre, por ejemplo, Belmont presentó un proyecto de ley que, de aprobarse, castigará con prisión efectiva (de 2 a 6 años) “al Director, Editor o responsable de las publicaciones o ediciones, a transmitirse a través de medios de comunicación social, tales como diarios, revistas, afiches, paneles, volantes, radio, televisión, o cualquier otro medio que produzca un efecto de comunicación similar, que publiciten imágenes, mensajes o audios obscenos o pornográficos”.
La cita es textual e incluye los atropellos al idioma y el cocido cerebral que de ese modo se revela.
En los considerandos, que llevan su indudable huella digital, Belmont, firmante protagónico de la iniciativa, cita a Joseph Pulitzer como fuente de inspiración ética, ignorando lo mucho que la prensa sensacionalista y amarillenta le debe al rival de William Randolph Hearst.
Y después de llamar a Pulitzer “el gran benefactor de una institución como la Columbia University Graduate School of Journalism”, añade:
“Que, (sic) el Pueblo Peruano no puede asistir impasible, ni mantenerse indiferente a los procesos de degradación moral que se yergue (sic) en estos momentos sobre nuestra sociedad...”
Y suma:
“De otro lado, no dejemos de reparar en lo siguiente, (sic) que no sólo hay excesos en la televisión sino en otro tipo de medios de comunicación, como la prensa escrita. Pero en todos estos casos, desde el punto de vista moral, cristiano y social, las imágenes carnales íntimas muchas veces caen dentro de la pornografía. En ese sentido, no creamos lo que dicen los que defienden la pornografía de que sólo “la más fuerte”... es dañina o ilegal. Pues hay estudios que confirman que la pornografía considerada “leve” (la que se ve en algunos programas de televisión, diarios o revistas indecentes) causan (sic) más crímenes sexuales que la pornografía más desembozada y fuerte” (varias veces sic).
Y no sigo porque estimo vuestro tiempo y vuestra salud mental, amables lectores. En todo caso, ahora entenderán cabalmente por qué tuve que largarme de Canal 11.
Ya veo al cura Oviedo decidiendo qué es pornografía y qué es erotismo permisible. O sea, separando la paja del trigo.
La empresa Ibope es privada y, aunque sus métodos sean discutibles, no es fácil entender por qué la Comisión de Transportes y Comunicaciones tendrá que examinarla como si de una entidad pública se tratara.
El señor Belmont tiene en este asunto un visible conflicto de intereses. Es un congresista súbito a raíz de la muerte de Alberto Andrade y es, al mismo tiempo, el archifamoso propietario del Canal 11, desde el que habla, para regocijo de sus miles de televidentes, casi todas las noches.
Como congresista imprevisto tiene el derecho de presentar las iniciativas que se le ocurran. Pero como congresista y propietario de un canal no puede presentar propuestas que conciernan a la televisión. Y menos todavía propuestas que estén destinadas a hostilizar o presionar a una empresa que tiene tanto que ver con el negocio de la televisión.
Es como si Juvenal Silva, presidente de la mencionada comisión congresal y dirigente del club Cienciano, presentara en el pleno una iniciativa que favoreciera a los equipos de fútbol provincianos en desmedro de los limeños.
O como si Carlos Raffo, vice presidente de la misma comisión, propusiera que los publicistas de campañas electorales están exonerados de rendir cuentas ante la justicia en el caso de que hubiesen recibido dineros negros de manos sucias.
Sería mostrar el fustán de un modo por lo menos impropio y el plumero de una manera por lo menos ridícula.
El señor Belmont fue convencido por el señor Anchorena para que reingresara al ámbito de Ibope.
Cuando las cifras que mostró Ibope no le gustaron, el señor Belmont despidió al señor Anchorena aduciendo, precisamente, que la nueva programación no era lo que él había esperado.
Yo nunca he creído en Ibope, a pesar de que en muchos momentos de mi carrera sus mediciones me ponían por las nubes.
Pero una cosa es no creer en Ibope y otra es tratar de intimidar a Ibope aprovechando el cargo congresal y sacándole el jugo a la amistad con Alan García -que le dio hace poco las gracias por los servicios prestados- y con Luis Alva Castro, de cuya proximidad se ha jactado en el canal y en el hemiciclo.
Ricardo Belmont cree que su cargo de congresista puede ser usado para prácticos fines personales.
Lo increíble es que la Comisión de Transportes le siga el juego. Y que gente como Lescano lo acompañe en algunas de sus aventuras.
El 29 de octubre, por ejemplo, Belmont presentó un proyecto de ley que, de aprobarse, castigará con prisión efectiva (de 2 a 6 años) “al Director, Editor o responsable de las publicaciones o ediciones, a transmitirse a través de medios de comunicación social, tales como diarios, revistas, afiches, paneles, volantes, radio, televisión, o cualquier otro medio que produzca un efecto de comunicación similar, que publiciten imágenes, mensajes o audios obscenos o pornográficos”.
La cita es textual e incluye los atropellos al idioma y el cocido cerebral que de ese modo se revela.
En los considerandos, que llevan su indudable huella digital, Belmont, firmante protagónico de la iniciativa, cita a Joseph Pulitzer como fuente de inspiración ética, ignorando lo mucho que la prensa sensacionalista y amarillenta le debe al rival de William Randolph Hearst.
Y después de llamar a Pulitzer “el gran benefactor de una institución como la Columbia University Graduate School of Journalism”, añade:
“Que, (sic) el Pueblo Peruano no puede asistir impasible, ni mantenerse indiferente a los procesos de degradación moral que se yergue (sic) en estos momentos sobre nuestra sociedad...”
Y suma:
“De otro lado, no dejemos de reparar en lo siguiente, (sic) que no sólo hay excesos en la televisión sino en otro tipo de medios de comunicación, como la prensa escrita. Pero en todos estos casos, desde el punto de vista moral, cristiano y social, las imágenes carnales íntimas muchas veces caen dentro de la pornografía. En ese sentido, no creamos lo que dicen los que defienden la pornografía de que sólo “la más fuerte”... es dañina o ilegal. Pues hay estudios que confirman que la pornografía considerada “leve” (la que se ve en algunos programas de televisión, diarios o revistas indecentes) causan (sic) más crímenes sexuales que la pornografía más desembozada y fuerte” (varias veces sic).
Y no sigo porque estimo vuestro tiempo y vuestra salud mental, amables lectores. En todo caso, ahora entenderán cabalmente por qué tuve que largarme de Canal 11.
Ya veo al cura Oviedo decidiendo qué es pornografía y qué es erotismo permisible. O sea, separando la paja del trigo.
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